Poder de la mentePoder de la mente

Poder de la mente

                                                                                                                                                                                                                                       


Deslizar objetos con el poder de la mente ya no es sólo una realidad en las películas. Dos estudiantes de Zaragoza han creado una silla de ruedas y un robot que se controlan con el pensamiento. Estos prototipos, únicos en el mundo, tienen aplicaciones infinitas en el campo de la rehabilitación y acercan el futuro a nuestros días.

¿Se pueden imaginar como se puede mover una silla de ruedas solamente pensandolo? Esto fue lo que se propusieron dos estudiantes de Ingeniería Informática de la Universidad de Zaragoza para sus proyectos finales de carrera y, aunque cueste de creer, lo han conseguido. Iñaki Iturrate y Carlos Escolano han creado dos prototipos pioneros en el mundo: una silla de ruedas y un robot que pueden ser controlados y dirigidos por la mente. Estas tecnologías, que parecen sacadas de una película de ciencia ficción, podrían tener aplicaciones infinitas en campos como la rehabilitación.

También han participado el profesor del Departamento de Informática e Ingeniería de la Universidad de Zaragoza, Javier Mínguez, y el ingeniero de Telecomunicaciones, Mauricio Antelís en el proyecto, que , se inició en junio de 2007 y tras innumerables horas de trabajo y experimentos fallidos ha logrado ser el único que existe en el mundo de estas características.

“La idea surge de que existen determinadas enfermedades en las que el enfermo no puede mover los músculos y el único canal que existe entre el paciente y el ordenador es el cerebro, y de ahí surge la pretensión de utilizar ese nuevo canal de comunicación, que simplemente registra la actividad cerebral para, por ejemplo, mover una silla de ruedas”, explica uno de los jóvenes inventores, Iñaki Iturrate.

El fundamento del proyecto es registrar la energía eléctrica que genera una persona cuando piensa e introducirla en forma de orden en el ordenador. La máquina la descifra y a continuación ejecuta lo que la persona estaba pensando. Para ello, sus creadores se han servido de un sistema bastante conocido: el encefalograma. Es decir, se colocan electrodos en el cuero cabelludo del usuario y un monitor –como el de cualquier hospital- registra su actividad cerebral. Esta señal es la que descifra un ordenador conectado a la silla o al robot y la convierte en acción.

Con este sistema crearon dos prototipos. El primero de ellos, la silla de ruedas, permite que su usuario la dirija en cualquier dirección sólo con pensarlo. Además, la máquina posee la suficiente inteligencia como para esquivar cualquier obstáculo. “Tenemos un ordenador que registra la actividad cerebral, con esa actividad somos capaces de detectar el destino en el que está pensando la persona que se sienta en la silla. En ese mismo instante se envía ese pensamiento a los dos ordenadores que lleva integrados la silla y en ese momento la silla es capaz de llegar a ese destino esquivando cualquier obstáculo que se encuentre en su camino”, explica su creador, Iturrate.

Los cuatro responsables del proyecto

En el caso del robot, el procedimiento es el mismo. “Se utilizan dos ordenadores, uno estaría con el usuario, que es el que registraría su actividad cerebral. El segundo estaría en el lugar donde se encuentra el robot y es el que se encarga de recibir por Internet las órdenes que el usuario selecciona con la mente, y por último este computador también es el que se encarga de transmitir por wifi estas órdenes al robot”, aclara Carlos Escolano. Además, el robot lleva incorporada una cámara que permite que el usuario vea lo mismo que está viendo la máquina.

No es magia, es Internet

Pero ¿cómo consiguen que un ordenador reciba el pensamiento de una persona y lo traduzca en acciones concretas? Pues el truco reside en la magia del siglo XXI: Internet. “La conexión entre el usuario y el robot se hace por Internet, entonces, en principio, la máquina puede estar en cualquier parte del mundo”, dice Escolano.

De hecho, el equipo probó este mecanismo mientras el robot estaba en Barcelona y el usuario que lo manejaba en Zaragoza. La distancia entre ambos fue de 260 kilómetros, “pero podría funcionar igual desde cualquier otro sitio”, subraya.

Para utilizarlo, por tanto, sólo se necesita conexión a la red y, eso sí, mucha concentración, pues la inteligencia del ordenador es capaz de detectar hasta los cambios producidos en la actividad cerebral con movimientos tan leves como un simple parpadeo. “Desde el punto de vista del usuario, sólo necesita que se le realice el montaje de los electrodos y posteriormente concentrarse en el monitor, que muestra lo que el robot ve en cualquier otra parte del mundo. Simplemente tiene que estar concentrado en determinadas zonas y así envía órdenes al robot”, explica Escolano.

Un futuro ilimitado

Las utilidades de estas tecnologías son infinitas, “todas aquellas en las que una persona quisiera actuar sobre una máquina simplemente con su pensamiento, desde simples usuarios cuando usan los ordenadores hasta personas que podrían manejar los videojuegos”, destaca el profesor del Departamento de Informática e Ingeniería de la Universidad de Zaragoza, Javier Minguez.

No obstante, la pretensión de sus creadores es que estas técnicas se empleen para avanzar en el campo de la rehabilitación y dar nuevas herramientas a las personas que sufren algún tipo de minusvalía. De hecho, los científicos mantienen que la evolución de estos prototipos podría dar lugar, por ejemplo, a implantar a una persona que lo necesitara un brazo robótico que podría manejar sólo con la mente.

El robot que se mueve con la mente

Asimismo, cada vez son más los proyectos iniciados para evolucionar la robótica. “En Europa somos más conservadores, pero hay países como Japón que están invirtiendo muchísimo en este tipo de tecnologías y ya tienen prototipos muy avanzados. Aquí en Europa también tenemos prototipos bastante avanzados, como robots que hacen guías de museos, de manera que yo calculo que en menos de 20 años tendremos que acostumbrarnos a ver robots alrededor nuestro”, afirma Javier Mínguez.

Sus creadores mantienen que la aplicación final de estos prototipos únicos en el mundo “todavía está lejos”. Sin embargo, el hecho de que estos dos jóvenes estudiantes de Zaragoza hayan sido capaces de convertir en realidad lo que hasta el momento se consideraba ciencia ficción hace preludiar un futuro –quizás no tan lejano como pensamos- en el que el poder la mente sea ilimitado.