Inteligencia EmocionalInteligencia Emocional
El Poder De La Mente
                                                                     
Inteligencia Emocional, 2



El niño está capacitado para aprender de todas las fuentes de conocimiento que tiene a su alrededor.
De hecho lo hace mientras crece en el proceso de perfeccionamiento más asombroso que los ojos humanos puedan contemplar.
Pero, a medida que va pasando el tiempo, se le van cerrando caminos.
Por razón de lo que podríamos llamar "primer envoltorio cultural", nuestros sentidos se encuentran cerrados frente a multitud de estímulos externos, que para otros hombres con diferente formación son plenamente perceptibles.

 

Aquellos están allí, a las puertas de nuestra corporeidad y para nosotros es lo mismo que si no existieran.

Un niño normal al que, recién nacido, se le cortara todo contacto con el ambiente humano que requiere para su desarrollo natural, no sólo no lograría nunca ser un hombre normal, sino que ni siquiera evolucionaría como un ser humano. Y ese mismo niño, en el medio que le es propio, seguiría siendo un niño como todos los demás.

Ya dijo Pascal que la naturaleza es una primera costumbre.

Algo tan importante en el hombre, como su aptitud para comunicarse, se atrofia irremisiblemente si no es ejercitada en sus primeros años, y lo mismo sucede con las demás cualidades innatas si, mediante el aprendizaje, no se hacen efectivas a tiempo.

En la primera etapa de la vida no hay aprendizaje sin alguna forma de enseñanza. Necesitamos de la enseñanza para vivir como hombres.

Y más todavía para ser hombres como los de nuestro tiempo.

Un niño del siglo XX no nace siendo un niño del siglo XX.

Si naciera en las Cavernas sería un niño de las Cavernas.

Se enseña la vida.

Se enseña la cultura

Y también se puede enseñar la inteligencia.

Un niño recién nacido es la criatura más desasistida de la tierra.

Un hombre adulto, la más poderosa.

¿Qué es lo que ha producido el cambio?

Podría definirse al hombre como el animal con mayor capacidad de aprender. Justamente, porque puede aprender es por lo que es hombre.

De la naturaleza aprende a ser.

Por la educación ha aprendido a aprender.

Es necesario que aprenda también a entender.

Los investigadores de todas las corrientes están de acuerdo en reconocer que en seres normales la inteligencia no se determina hereditariamente, y que, en este caso, y por lo que ala herencia respecta, padres e hijos serán igualmente normales. Lo que un padre inteligente sí le suministra a su hijo son medios de expresarse, hábitos de aprendizaje, facilidades materiales, orientación, en fin: unas enseñanzas y un medio apropiado para facilitar el desarrollo de la inteligencia.

Este se encuentra influido por todo aquello que en nuestros primeros años contribuye fundamentalmente a formar nuestra personalidad, nuestro "primer envoltorio cultural": el lenguaje, los modos, las creencias, las costumbres, los prejuicios; y por las condiciones en que ese desarrollo se realiza.

Que ejercita los valores intelectuales está en mejores condiciones que nadie para fomentar en otros el ejercicio de esos valores.

Quien ha tenido éxito sabe estimar el éxito, y esa estimación es un estímulo para otros.

Son abrumadoramente más los hijos de profesionales, comerciantes, industriales, funcionarios y empleados, que llegan a terminar estudios universitarios, que los hijos de obreros o campesinos.

Este hecho no es debido a diferencias de orden intelectual de ningún tipo entre ellos. Son factores económicos, sociales y sicológicos los que aquí tienen importancia. Dentro de los últimos me interesa señalar uno que tengo la impresión de que puede ser fundamental: el joven perteneciente a los estrados más elevados tiene ante su vista un campo más rico en perspectivas, ve como posibles metas que los otros consideran inalcanzables.

Tiene mayor oportunidad de triunfar aquel que se encuentra rodeado por seres humanos que estima semejantes a él y quienes han alcanzado objetivos par los que se requiere grandes esfuerzos.

Inconscientemente se irá creando en él la idea de que las cosas cuestan.

Y de que vale la pena pagar ese precio. Necesariamente tiene que brotar alguna vez en su mente un pensamiento parecido a éste: "Si ellos lo lograron ¿por qué no lo puedo lograr también yo?".

Por eso, creo que en la formación de la personalidad es imprescindible que ese pensamiento llegue a formularse de una manera consciente.

La inercia lleva al hijo del barrendero a ser barrendero.

El hijo del profesional por lo general será profesional.

Y se requiere de una fuerza poderosa para vencer esas tendencias.

A no ser que haya de por medio razones de anormalidad, cuyo porcentaje en el conjunto, en todo caso, es bastante bajo, la capacidad potencial de la mente de un barrendero es igual a la de un miembro de cualquiera de los profesionales liberales. Un barrendero es barrendero porque nunca se planteó la posibilidad de ser otra cosa y, si llegó a planteársela, nunca estuvo dispuesto a realizar los esfuerzos necesarios para llegara ser esa otra cosa.

Acérquesele usted a un barrendero y no le hable, por supuesto, lo del problema de la energía en el mundo, porque sobre ese tema tal vez no pueda obtener respuestas que lleguen a impresionarlo; háblele de lo que él conoce, y escuchará usted a un hombre que maneja los conceptos que posee de una manera inteligente.

Si ese mismo hombre en un momento se propusiera obtener un título universitario que lo acreditara como médico y estuviera dispuesto, con ahínco y constancia, a todos los sacrificios que ello requiere, tenga la seguridad de que pasarán quince años, veinte años, treinta años, pero algún día ese hombre será médico. Pero no lo quiere.

Se trata fundamentalmente de un problema de voluntad.

Y la voluntad está condicionada por factores tanto internos como externos al propio individuo.

Lo que hay que lograr es la transformación de estos factores, en forma directa en lo que se refiere a los externos e indirectamente en los demás, para obtenerla requerida igualdad de oportunidades para todos los seres humanos.

No basta con que las oportunidades estén allí, abiertas para todos aquellos que quieran optara ellas.

Ha de procurarse que crezca cada vez más el número de los que se encuentren en verdadera opción de querer.