Inteligencia EmocionalInteligencia Emocional
El Poder De La Mente
                                                        
Inteligencia Emocional, 4




Desde hace ciento de años, en el mundo occidental se ha tenido noticia reiterada de que en el lejano Oriente unos hombres llamados faquires parecían estar dotados de manera incomprensible del poder de dominar con la voluntad buena parte de lo que tradicionalmente se ha llamado, en los textos de anatomía que se usan en las facultades de medicina de todas nuestras universidades, el "sistema nervioso autónomo", autónomo justamente de los dictámenes de la voluntad.

Un hombre normal puede mover un brazo o una pierna según su deseo, pero le es imposible controlar, en la misma forma, su presión arterial o los latidos de su corazón: esto es lo que se creía hasta ahora.

Hoy una de las innovaciones más interesantes en la ciencia médica consiste en una técnica llamada "bio-realimentación" (biofeedback) mediante la cual se puede aprender a baja o subir la presión arterial, a cambiar la frecuencia de los latidos cardíacos, y aun a modificar los ritmos cerebrales, sobre todo lo cual existe ya un número de experimentaciones suficientes para que se pueda afirmar que se trata de una realidad indiscutible.

El "sistema nerviosos autónomo" ya no es autónomo, y nunca lo había sido para esos extraños ascetas hindúes que jamás merecieron a lo largo de tanto tiempo ninguna consideración científica especial y cuyas misteriosas facultades, que parecían imposibles o sobrehumanas, se ha demostrado que, mediante el entrenamiento debido, se encuentran al alcance de cualquier hombre normal.

El mismo cerebro que por medio de la "bio-realimentación" puede aprender a realizar tales prodigios, ¿no podrá aprender a ser más inteligente?

Nos vemos sorprendidos frecuentemente con descubrimientos de cosas que estaban a la vista de todos desde siempre.

Disponemos de conceptos, hoy partes constitutivas imprescindibles del progreso, que nos parecen elementales y prácticamente manejables por un ser humano de cualquier época.

Sin la utilización del número "cero" no se hubiera podido lograr el desarrollo de la humanidad en los últimos tiempos; su importancia es tan grande, y, actualmente, su uso tan general, que nos es difícil creer que no se hubiese inventado algo que hoy nos parece tan simple sino en los primeros siglos de nuestra era, más de cuatrocientos años después de la existencia de Arquímedes y miles de años más tarde de los inicios históricos del pensamiento matemático; y que fuera sólo en el siglo VII cuando se le comenzara a dar todo su valor.

Durante centenares de años el mundo civilizado estuvo utilizando algo tan absolutamente inapropiado para las operaciones matemáticas como la numeración romana.

Hoy los niños en los primeros años de escuela aprenden a multiplicar y a dividir, pero hace relativamente poco, en el siglo XVI, cuando los hombres de cultura media no podían contar sino con los dedos, esas operaciones, particularmente la última, sólo podían ser realizadas por especialistas, quienes eran considerados como seres dotados de facultades poco menos extraordinarias.

Se comenzó a contar de diez en diez simplemente porque tenemos diez dedos en las manos y no porque el sistema decimal sea, ni con mucho, el más perfecto; y este sistema se sigue empleando todavía.

La ciencia de la medicina ha sido posible porque la estructura del cuerpo humano es la misma en todos los hombres.

Cada órgano tiene la misma composición, la misma situación y la misma función.

Esto lo aceptamos con facilidad, con excepción de lo que se refiere a nuestro cerebro: pareciera como si consideráramos que en este caso no se cumple la regla general, cuando en relación con el órgano del pensamiento sucede algo semejante que con los demás: no hay diversidad entre los seres humanos.

Todos disponemos del dispositivo necesario para cualquier proceso, de la mente. Y ese dispositivo es el mismo y es igual.

En los estudios de psicología de la inteligencia, ha venido tomando carta de naturaleza la noción de que la diferencia entre un hombre inteligente y uno que no lo es no consiste en que la mente del primero sea capaz de entender un asunto que la del último no puede alcanzar.

De acuerdo con esta tesis los dos pueden entender lo mismo.

Sólo que el menos inteligente necesita más tiempo. Su cuestión consiste, entonces, en no poder disponer del que requiera o en carecer de la voluntad suficiente para ser constante.

Dicho en otra forma, si tuviera la decisión necesaria y dispusiera de tiempo ilimitado, no habría ningún problema que no pudiera ser entendido por cualquier persona. Balzac ya pensó en algo de esto cuando dijo: "Toda cabeza dura tiene una grieta en algún sitio".

La inteligencia, como la vida, es una cuestión de tiempo.

Para comprenderlo mejor, establezcamos una diferencia entre la dificultad objetiva del problema y la dificultad subjetiva de la persona que pretende resolverlo.

Cuando aumenta la dificultad objetiva de un problema, la dificultad subjetiva aumenta en una proporción mayor.

Un problema, v. gr., de dos elementos produce una dificultad subjetiva determinada; si aumentan los elementos hasta cuatro, la dificultad subjetiva no se limita a multiplicarse por dos, sino que aumentará tres, cuatro, seis, o más veces según la efectividad del individuo.

Y esta dificultad subjetiva puede traducirse en tiempo. En términos matemáticos diríamos que el tiempo es función de la dificultad subjetiva, es decir, que aquél depende de está proporcionalmente.

Y como ella es distinta en unos seres que en otros, el tiempo necesario para cada uno será también distinto, mayor en el torpe y menor en el inteligente.

Nunca podremos decir que una persona no entiende algo, sino que hasta ahora no lo ha entendido.

A la materia del entendimiento humano también le son aplicables en toda su profundidad los versos de Antonio Machado:

Mas el doctor no sabía

Que hoy es siempre todavía

Es más, en el proceso de aprendizaje muchas veces son lo más lentos al comienzo los que llegan más lejos.

Las consecuencias de todo esto son inconmensurables.

Si los seres humanos disponemos de la misma estructura mental; si una persona es más o menos inteligente según el tiempo que emplee en entender, y, en consecuencia, por lo que a su capacidad mental se refiere, los hombres no se dividen dicotómicamente en inteligentes y torpes, sino en rápidos y lentos (o tardos, como se denomina con sorprendente exactitud en español a los que entienden con dificultad);

Entonces será posible que una persona logre aumentar su capacidad mental si dispone de unas fórmulas que le permitan acelerar su pensamiento.

Y si esas fórmulas pueden lograrse, todos tendremos la posibilidad de llegar a ser más inteligentes.

Multitud de test han sido preparados con el propósito de medir la inteligencia de una persona, en términos de su mayor o menor capacidad para utilizar los conceptos abstractos; los atinentes a los objetos sensibles; y los necesarios para transmitir información y para recibirla.

Después de que una persona ha sido sometida a diversos tests, adquiere un entrenamiento especial que hace posible el que pueda mejorar su capacidad en las respuestas hasta en unos diez puntos de Cociente Intelectual.

Este es un hecho tan cierto, que en los Estados Unidos, donde, como se sabe, la utilización de los tests es muy frecuente, existe un término para designar a quienes han adquirido esa facilidad: se les llama "sabios en tests" (test wise).

Si espontáneamente una persona puede convertirse en uno de estos "sabios", cabe la pregunta de lo que podría lograrse a través de años de una enseñanza dirigida específicamente a eso.

Si examinamos con cuidado uno cualquiera de estos tests, nos daremos cuenta de que tienen una característica que les es común: en el fondo, en todas las preguntas, lo que se exige es encontrar la relación que existe entre varios objetos sometidos a consideración o buscar una relación nueva entre ellos.

He aquí la palabra clave en todo test de inteligencia:

Relacionar.

Si se mide la inteligencia por la aptitud que posee una persona para relacionar conceptos diversos, entonces se podrá aumentar la inteligencia de una persona, así medida, aumentando su capacidad para relacionar.