Inteligencia EmocionalInteligencia Emocional
El Poder De La Mente
                                                            
Inteligencia Emocional, 5




De acuerdo con estudios realizados en Estados Unidos, podemos concluir en que muchos de aquellos que han influido en la Historia de la humanidad, si hubieran sido sometidos al examen de uno de los tests usuales hoy en día para determinar la inteligencia, habrían obtenido la puntuación propia de las inteligencias más o menos normales y nada más.

Ni Kepler, ni Copérnico, ni Newton, ni Napoleón, ni Juan Jacobo Rousseau, ni Juan Sebastián Bach, por ejemplo, habrían podido ingresar en una organización internacional llamada: "Mensa", fundada en Inglaterra al término de la Segunda Guerra Mundial, y de la que forman parte miles de personas, en su gran mayoría absolutamente desconocidas, con un Cociente Intelectual no menor de 150.

He aquí un argumento muy fuerte para quienes deseen arremeter contra los tests porque no creen o no quieren creer en ellos.

El hecho, ciertamente, nos plantea un serio problema que es necesario tratar de resolver.

Además del valor estadístico que es fácil otorgarles, ¿considerados individualmente tienen algún valor?

Podría decirse que si pueden dar resultados con equivocaciones tan garrafales, la utilidad que pueden prestar es muy relativa.

Si de acuerdo con los tests, hombres comunes y corrientes, Newton, Napoleón, Rousseau y Bach aparecen como simples hombres normales, entonces los tests no merecen la confianza que se les concede, aunque estén respaldados por el prestigio de la nación más adelantada del mundo, dado que Kepler, Copémico, Newton, Napoleón y Bach no eran hombres normales.

Ahora bien ¿podemos realmente asegurar que en lo que se refiere a su inteligencia no lo eran?

A la vista de los frutos de esfuerzos, pensamos que tenían que ser hombres excepcionales y de una inteligencia diferente a la de los demás.

De una inteligencia diferente ¿porqué?

Los tests han acertado millones de veces. ¿No es posible que en esta ocasión hayan acertado también?

Se han realizado multitud de estudios de todo tipo en la búsqueda de aquellas características personales del genio, por las que pudiera reconocérsele, aun antes de la realización de alguna obra genial.

¿Existe algún factor común en los genios, cuya aparición fuera anuncio incuestionable de una mente superior?

Hasta ahora no se ha detectado ninguna condición física o fisiológica, o relacionada con la edad, la raza o el sexo, que pueda considerarse como propia de los seres reconocidos como geniales, ni existe ningún indicio que permita presumir que pueda encontrarse en el futuro.

No existe ninguna característica que sea propia de los genios.

Son tan divertidos los genios como los seres humanos.

Se trata de una planta que puede fructificar en partes muy distintas y en las más diversas condiciones.

Otra cosa es la necesaria actitud ante la vida que tiene que mantener una persona para poder convertirse en genio.

No se puede afirmar que Max Planck, Niels Bohr o Enrique Fermi, porque eran genios, tenían tal o cual proceder, de esos que se consideran propios de un genio, sino que por haber tenido ese proceder y algunas veces, a pesar de él, pudieron convertirse en genios.

Hay genios enfermos y genios sanos.

Hay genios locos y genios síquicamente normales.

Hay genios eruditos y genios diletantes.

Hay genios precoces y genios tardíos.

Pero no hay genios sin curiosidad, sin trabajo y sin constancia.

El genio es como un niño.

El genio es como un niño constante.

Ambos tienen la misma capacidad de asombrarse.

Para ambos el mundo siempre es nuevo.

Es posible, aunque ello es sumamente raro, que el genio no muestre humildad en su trato con los demás, pero en lo que no hay excepción es en una actitud integralmente humilde frente ala naturaleza y a su propia obra.

Y el que proceda en forma contraria no es un genio.

En lo único en que todos son semejantes es en que todos son originales. Originales en su obra.

No tienen que ser "originales" en su forma de vida.

La imagen que tiene todo el mundo de un verdadero creador, ya sea artístico o científico, es la de un hombre extraño, por lo menos; anormal en la mayoría de los casos.

Se cree que, por lo general, los artistas son unos bohemios, de una vida dura y risueña a la vez, un poco irresponsables, que no están en disposición de esforzarse y que logran realizar sus obras como arte de magia.

De repente viene la inspiración y se hace la luz, sin que medie ningún esfuerzo. Ninguna idea más equivocada que ésta.

No se conoce una sola obra que no haya sido el fruto del esfuerzo y de la constancia. Un artista puede vivir bohemiamente aun por largas temporadas, pero en el preciso momento de crear, en ése, no se puede sino crear.

Un bohemio permanente puede ser el protagonista del argumento de una ópera o de una novela, pero no será nunca quien la escribe.

Cuando va a crear, el artista, como el científico, no dispone sino de su pensamiento, no tiene otra decisión que la de realizar su obra, ni otro recurso que no sea el trabajo. Trabajo, trabajo y más trabajo.

Para escribir hay que sentarse a escribir.

Estar dispuesto a emborronar papeles y papeles y a repetir lo ya escrito una y otra vez.

Una hora y otra hora.

Un día y otro día.                            

Y así hasta terminar.

El creador de hoy es un hombre normal.

Que se angustia, sufre, goza y disfruta.

Que ve la televisión en su casa, va al cine durante la semana, escucha la radio mientras maneja su automóvil, le gusta nadar en playas y piscinas o se entretiene con uno de esos juegos que se organizan alrededor de una pelota.

Es un hombre que sonríe como todo el mundo.

Y que se emociona como todo el mundo.

Que es empujado como un artista cualquiera cuando se trata de contemplar con calma los ojos de Monna Lisa, y se extasía reverente ante la blancura infinita del Tach Mahal en una noche de luna.

Es un hombre de su tiempo que hace lo que hace todo el mundo.

De aquí la pregunta de Picasso: "¿Qué creen ustedes que es un artista?, ¿un imbécil que sólo tiene ojos si es pintor, orejas si es músico, o una lira en todos los recovecos del corazón si es poeta, o inclusive, si es boxeador, sólo músculos? Muy al contrario, es al mismo tiempo un ser político, constantemente despierto ante los desgarradores, ardientes o dulces sucesos del mundo..."

Por lo general la pasión acompaña al hombre creador.

Pero recordamos que hay muchas pasiones: la del atormentado; la del asceta; la del que busca con ardor inútilmente; la del que ama y continúa sintiéndose solo; y la del hombre sencillamente feliz, como cualquiera.

La pasión de un amor lejano puede inspirar grandes obras, pero no tienen por qué ser menores aquellas que provengan de un amor plenamente compartido.

Se ha dicho muchas veces que si Beatriz hubiese sido la esposa de Dante nunca se hubiera escrito la Divina Comedia.

¿Y no podría pensarse exactamente con el mismo derecho que, en ese supuesto con el mismo hombre y tal vez, la misma mujer, Dante nos hubiera dejado una obra todavía mejor?

El era capaz de escribirla, pero no sabemos, en verdad, si esa determinada Beatriz, la florentina Beatriz Portinari, hubiera tenido la fuerza para inspirarla, una vez que Dante la conociera íntimamente.

Pero sí sabemos que hay una Beatriz en cualquier mujer.

Y que en cualquier mujer pueden hacer morada todas las mujeres del mundo. Nadie nace genio.

Ni predestinado a serlo.